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Feminicidio: Determinantes y evaluación del riesgo

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Resumen del informe final: 

En el Perú, alrededor de cien mujeres son asesinadas cada año por sus parejas o ex parejas. Paradójicamente, pese a la visibilidad de este fenómeno, sabemos muy poco sobre los feminicidios.

El objetivo de esta investigación fue estudiar las causas de los feminicidios y de la violencia severa con riesgo de feminicidio (modelación multinivel) así como el impacto de estas últimas (emparejamiento estadístico). Se usó la ENDES 2011-2015 (N=202,509) y el Registro de feminicidios del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables 2011-2015 (N=825). Adicionalmente, validamos una herramienta para valorar el riesgo de violencia de las mujeres.

Las causas se asociaron a factores de dominación y su expresión en relaciones de pareja, pero también a la presencia (ausencia) de algunas instituciones y desventajas sociales. Además, la violencia severa con riesgo de feminicidio incrementó la depresión de las mujeres y su consumo de cigarros y alcohol. El efecto alcanzó a sus hijos e hijas (mayores episodios recientes de diarrea, sangre en heces, fiebre y tos).

Abstract: 

In Peru, approximately one hundred women are killed every year by their partners or ex partners. Though this is a much known problem, very little is known about feminicide.

The objective of this study was to assess the causes of feminicide and severe violence with high risk of feminicide (multilevel modeling) and to estimate the impact of this latter form of violence (propensity score matching). We used the ENDES 2011-2015 (N=202,509) and administrative data of feminicides built by the Ministry of Women and Vulnerable Populations 2011-2015 (N=825). Also, an instrument to measure danger of severe violence was adapted.

The causes were related to systems of domination and its manifestations in relationships, and also related to the presence (absence) of certain state offices and social disadvantage at district level. Severe violence with high risk of feminicide leads to depression and more alcohol and tobacco consumption in victims. The effects also reach their children (more recent episodes of diarrhea, blood in stools, fever and cough).

 

 

A continuación acceda a los PRODUCTOS INTERMEDIOS de este proyecto de investigación, camino a su informe final: 
Motivación
En el Perú, cada año alrededor de cien mujeres son asesinadas por sus parejas o ex parejas, según las cifras oficiales de feminicidios del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP). El fenómeno inverso, mujeres que matan a sus parejas, es de mucha menor frecuencia en el Perú, así como también en el mundo (Heise & García-Moreno, 2002). Además, en nuestro país, es más probable que una mujer sea asesinada por su pareja que por un extraño, situación opuesta en el caso de los hombres. Esta realidad también es común en otros países (Taylor & Jasinski, 2011). Tales diferencias hacen que dejemos de preguntarnos por qué unos matan a los otros y, en su lugar, debamos responder por qué cierto grupo (hombres) asesina a otro (mujeres) (Monárrez, 2002). Responder implica interrelacionar ecológicamente las características de ambas partes con el poder, las desigualdades y la subordinación presente en el entorno de la víctima y la pareja.
 
La definición más común de feminicidio es aquella que lo conceptualiza como el asesinato de una mujer por razones de género (Russell, 2008). El Plan Nacional contra la Violencia Hacia la Mujer 2009-2015 lo definió como los homicidios de mujeres en condiciones de discriminación y violencia basados en el género. Como definición general, la precisión y adaptación del feminicidio a contextos culturales y sociales es más discutida. Mientras que algunas autoras han optado por definir el feminicidio como la consecuencia de estructuras de poder en un sistema patriarcal (Bersani & Chen, 1988), otras lo han definido como una modalidad de poder propia de ex colonias que interactúa con los sistemas socio-legales formales e informales y da forma a una economía de la muerte en la que operan distintos actores como la iglesia, policías, jueces y otros actores encargados del control social (Shalhoub-Kervorkian & Daher-Nashif, 2013). En forma más armónica a estas perspectivas, Lagarde (2008, pág. 216) señala que los feminicidios suceden “[…] cuando las condiciones históricas generan prácticas sociales que permiten atentados violentos contra la integridad, la salud, las libertades y la vida de niñas y mujeres”.
 
Desde su difusión como concepto en 1976 por Diana Russell durante el Primer Tribunal Internacional de Crímenes contra Mujeres (Russell, 2008), el feminicidio ha sido explicado por distintas corrientes. Mientras que el Feminismo ha buscado explicarlo a partir de un sistema patriarcal dominante, la Sociología y la Criminología han buscado, cada una a su manera, identificar regularidades en las características de las víctimas y los perpetradores así como en las características del contexto en que suceden los feminicidios (Corradi, Marcuello-Servós, Boira, & Weil, 2016).
 
En el Perú, según datos de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDES), siete de cada diez mujeres han sido víctima de alguna forma de violencia de parte de su pareja alguna vez en su vida. Pese a que en el Perú las cifras sobre violencia y sobre feminicidio circulan bastante en medios académicos e incluso en medios de comunicación, el feminicidio como fenómeno ha sido poco explorado (MIMP, 2011) y sigue sin ser comprendido en otras regiones (Taylor & Jasinski, 2011). A ello se suma la confrontación entre el Feminismo y las ciencias sociales, especialmente de aquellas que buscan medir fenómenos e identificar sus causas.
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1 Estudio ganador del XVIII Concurso Anual de Investigación CIES 2016, con el auspicio de Global Affairs Canada (GAC), el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC, por sus siglas en inglés), y la Fundación Manuel J. Bustamante De la Fuente.
Objetivo principal, problema de investigación, hipótesis y vinculación a la política pública
Justamente, la primera sección de este trabajo consistió en acercar los estudios empíricos y las principales posiciones feministas sobre el feminicidio. Se realizó una revisión de literatura en base a la evidencia que privilegió explicaciones micro y macro sociales del feminicidio y de sus tentativas, para luego integrar ambas perspectivas bajo dos enfoques de mayor capacidad explicativa: el modelo ecológico de la violencia (Carlson, 1984; Heise, 1998) y las explicaciones socioestructurales (Parker & Toth, 1990).
 
En este marco, se buscó examinar lo más elemental y, al mismo tiempo, aún no explorado en el Perú: cuáles son las causas y las consecuencias (impacto) de las tentativas de feminicidios y los feminicidios. Así, en la primera y segunda sección examinamos cuáles son los determinantes de las tentativas de feminicidio y de los propios feminicidios. Teniendo en cuenta la multicausalidad de ambos fenómenos, se tomó como base al modelo ecológico de la violencia (Carlson, 1984; Heise, 1998) y se emplearon métodos multinivel a fin de estimar adecuadamente tanto los predictores individuales (vinculados a la mujer y su entorno relacional) como contextuales (vinculados al lugar donde vive).
 
El uso conjunto del modelo ecológico junto con la modelación multinivel es un aporte importante de este trabajo. A nuestro entender, son pocos los estudios que los han aplicado simultáneamente. Además, ninguno de ellos se ha focalizado en algún país de América Latina. El tercer objetivo se concentró en estimar el efecto de las tentativas de feminicidio mediante dos metodologías. Primero, se evaluó el impacto de las tentativas de feminicidio mediante la técnica del emparejamiento estadístico. En este caso, se buscó responder cuáles son las consecuencias de este tipo de violencia sobre la salud mental y física de las mujeres y sus hijos. Segundo, se calculó el efecto a partir de la metodología de Años de Vida Potencialmente Perdidos (AVPP) por feminicidio.
 
Uno de los retos y aportes más importantes de esta investigación fue la construcción de una proxy de tentativas de feminicidio. Las cifras oficiales del MIMP y del Observatorio de la Criminalidad (OC) del Ministerio Público se basan en denuncias policiales y no en reportes de victimización, por lo que, a la luz de la evidencia acá desarrollada, son fuentes con una fuerte subvaloración de tentativas de feminicidio. Esto es grave en tanto tales fuentes han guiado el conocimiento y las políticas públicas sobre tentativas de feminicidio y feminicidio. A fin de cubrir el vacío de información, construimos una proxy de tentativas de feminicidio empleando la ENDES y basándonos en la evidencia nacional e internacional así como en los protocolos de investigación de feminicidios dirigidos a fiscales y jueces.
 
Más allá de las causas de las tentativas de feminicidio y del feminicidio, importa concebir hasta dónde van sus consecuencias. El feminicidio afecta no solo una larga lista de derechos de las mujeres, sino que la historia de violencia que lo antecede trunca proyectos de vida y causa efectos económicos, en la salud física y mental de las mujeres, y genera efectos negativos en su entorno. En algunos países el feminicidio es considerado como un problema de salud pública (Tejeda, 2014). Y es que tanto estudios cuantitativos (Patró & Limiñana, 2005) como cualitativos (Hardesty, Campbell, McFarlane, & Lewandowski, 2008) señalan que la violencia no solo genera los daños propios de la agresión, sino que es la causa de otro tipo de efectos de corto y largo plazo en la salud física y mental de las mujeres que la sufren (Bonomi, y otros, 2006) y de sus hijos (Díaz & Miranda, 2010; Ribero & Sánchez, 2004).
 
La literatura sobre los efectos o los costos de la violencia no es escasa, pero está focalizada en realidades ajenas a la peruana y latinoamericana. En la tercera sección de este trabajo, se presentan dos formas de estimar el efecto de las tentativas de feminicidio. Primero, se calcularon los efectos de haber estado expuesta a tentativa de feminicidio. En base a la ENDES, se empleó el emparejamiento estadístico para identificar el efecto sobre la salud física y mental (depresión, hipertensión y diabetes, y consumo de alcohol y cigarro) de las mujeres que la sufrieron, así como sobre sus hijos e hijas (fiebre, tos, diarrea y sangre en heces). Segundo, se estimaron los Años de Vida Potencialmente Perdidos (AVPP) por feminicidio. La violencia contra la mujer no es una enfermedad, pero sí ocasiona dolencias y condiciones habitualmente inadvertidas o poco valoradas (depresión, hipertensión, diabetes, consumo de sustancias, etc.). Estos problemas restan calidad de vida y años de vida. Medir esa pérdida en años es justamente el objetivo de estimar los AVPP.
 
La cuarta sección de la investigación tuvo una orientación más aplicada hacia la gestión en campo de los servicios ofrecidos a las mujeres en situación de violencia. Luego de haber revisado causas y consecuencias de la exposición a la violencia, se estimó necesario mejorar las herramientas que tienen los Centros de Emergencia Mujer, del MIMP, para la identificación temprana de la potencial víctima. Si bien el MIMP cuenta con un instrumento para valorar el riesgo de ser víctima de violencia, su construcción se realizó en gabinete y sin la debida validación psicométrica. Ese instrumento produce puntajes de riesgo, pero nada asegura que lo mida adecuadamente ni que un riesgo alto signifique eso que pretende medir. Por ello, se adaptó y validó psicométricamente a nivel piloto un instrumento de evaluación del riesgo de violencia extrema en mujeres que se encuentran en situación de violencia. La validación se hizo con una muestra de mujeres que acudieron a los Centros de Emergencia Mujer. Esto permitirá generar herramientas técnicas para que el MIMP pueda construir una mejor ficha de registro de casos de tentativa de feminicidio, ofrecer medidas de atención y prevención adecuadas, así como determinar el grado de riesgo de violencia letal o casi letal a fin de entregarle a las mujeres un servicio ad hoc a sus necesidades.
 

Vinculación a política pública

Los objetivos planteados se alinean en forma directa con diversas normas y planes recientemente emitidos, como la Ley 30364 para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres y los integrantes del grupo familiar y su Reglamento (DS 008-2016-MIMP), el Plan Nacional contra la Violencia de Género 2016-2012, así como a nivel internacional con la Convención sobre la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), la Convención Belém do Pará, los Objetivos de Desarrollos Sostenible, entre otros. Finalmente, los objetivos de la investigación se alinean a la agenda de investigación pendiente en materia de violencia contra las mujeres según el mismo MIMP (2011).
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Nota metodológica

Causas de los feminicidios y las tentativas de feminicidio

Las relaciones entre los predictores del modelo ecológico fueron sondeadas inicialmente mediante correlaciones y estimaciones bivariables con la variable dependiente. Además, a fin de establecer diferencias iniciales, se calcularon estadísticos de contraste para identificar si las víctimas de tentativa mostraban diferencias significativas de aquellas que no lo fueron.
 
Las estimaciones econométricas se realizaron mediante un modelo multinivel, también conocida como modelación jerárquica lineal. A diferencia de la estimación por mínimos cuadrados ordinarios, este modelo capta adecuadamente la relación entre la variable dependiente (feminicidio o tentativa de feminicidio) y las variables del contexto (distrito) en el que se ubica la mujer víctima. Se empleó un modelo de dos niveles, mujer/hombre (individual) y distrito (contextual), a fin de captar la dependencia entre casos agrupados en el segundo nivel. Aun cuando el modelo pueda ser complejizado incluyendo más niveles (provincia, por ejemplo) o efectos aleatorios por variables específicas, se siguió la recomendación de Bryk y Raudenbusch (1986) de mantener el modelo multinivel lo más simple posible. En términos prácticos, la modelación multinivel permite descomponer la varianza de la dependiente por cada nivel de análisis. Obviar esta relación jerárquica geográfica en la data ocasionaría varianzas subvaluadas y pruebas de significancia infladas con errores del tipo I (Williams, 2000), así como estimadores insesgados y no eficientes (Goldstein, 2011).
 

Efectos de las tentativas de feminicidio

En esta sección buscamos responder la siguiente pregunta: ¿qué consecuencias genera en una mujer el haber sido víctima de tentativa de feminicidio versus el escenario en que jamás lo hubiera sido? Como la mujer ya fue víctima de violencia, ese escenario no es real. Pero, en términos metodológicos, es posible recrearlo. Para ello, se eligió el emparejamiento estadístico como técnica de evaluación del impacto de las tentativas de feminicidios. Esta técnica permite reconstruir esa realidad inexistente, denominada contrafactual. Así, cada mujer que sí tuvo el tratamiento (fue víctima tentativa de feminicidio) es comparada con su contrafactual (mujer que no sufrió esta violencia).
 
Se empleó el pool de datos 2011-2015 de la ENDES. La obtención del contrafactual reposa en la determinación de la probabilidad de recibir el tratamiento en quienes no lo tuvieron: Pr(X)=Pr(T=0|X) En nuestro caso, se trata de mujeres que comparten los mismos factores de riesgo de tentativa de feminicidio (X) pero que no la han sufrido (T=0). El método descansa sobre el emparejamiento de mujeres dentro del grupo de tratamiento con mujeres del grupo de control. Ese emparejamiento se realiza en base a Pr(X). Una vez emparejados, se considera que la diferencia de la variable de resultado Y entre el grupo que recibió el tratamiento y el de control mide el efecto promedio del tratamiento. La probabilidad de haber recibido el tratamiento (propensity score) se obtiene mediante la estimación de un modelo binomial con el que se obtiene la probabilidad de cada mujer en los grupos de tratamiento y control de haber sido víctima de tentativa de feminicidio. Dicha probabilidad se calcula en base a un grupo de variables observables (X). Se emplearon las observaciones que cayeron dentro del soporte común. Como el emparejamiento estadístico permite comparar a cada mujer con su contrafactual, cualquier diferencia en las variables resultado es directamente atribuible a la violencia. Esa diferencia es el impacto y se le denomina el efecto promedio del tratamiento. La técnica de emparejamiento empelada fue la del vecindario (5 vecinos más cercanos). Se comparó con emparejamiento con Kernel para buscar robustez en los resultados.
 

Años de Vida Potencialmente Perdidos (AVPP) por feminicidio

La segunda metodología a emplear para el cálculo del costo del feminicidio es la de los AVPP. Esta técnica es común en estudios de salud pública en los que el objetivo es estimar el costo de la morbilidad y mortalidad resultantes de alguna enfermedad. En nuestro caso, el feminicidio se tomará como la condición que genera tales costos. La metodología de los AVPP ha sido previamente adaptada a esta particularidad (KPMG, 2014).
 
El cálculo de los AVPP por feminicidio tiene dos componentes. De un lado, los años que pudo haber vivido una mujer de no haber sido asesinada y, del otro lado, el efecto negativo (en años) que significó haber vivido bajo probabilidad de haber sido víctima de feminicidio. A estos dos aspectos se les denomina, respectivamente, Años Perdidos debido a Muerte Prematura (APMP) y Años de Vida Saludable perdidos (AVISA). El cálculo se resume en las siguientes fórmulas.
 
Resultados preliminares

Determinantes de las tentativas de feminicidio

El primer reto para estudiar las tentativas de feminicidio fue construir una variable que las mida de mejor manera. Las fuentes oficiales de tentativas de feminicidio tienen un sub reporte importante debido a las fuentes que emplean (denuncias, casos que conocen los Centros de Emergencia Mujer y prensa), lo que las hace poco confiables a tal punto que la tendencia en ambas ha sido opuesta en algunos años.
 
En base a la ENDES y a la orientación de la revisión de evidencia empírica sobre cómo se cometen los feminicidios y las tentativas, se construyeron tres alternativas para medir tentativa de feminicidio. La confianza de este ejercicio está en el instrumento que emplean la ENDES para medir violencia contra la mujer (Conflict Tactics Scale) así como la posibilidad de emplear una muestra amplia (pool de datos del 2011 al 2015; N=251,629).
 
Los resultados confirman que las tentativas de feminicidios son la consecuencia tanto de factores individuales como de aquellos contextuales (distritales). Normalmente, las investigaciones buscan en los primeros las causas de las tentativas de feminicidios y de los feminicidios. No obstante, hallamos que si bien las variables demográficas explican las tentativas, su contribución al riesgo de feminicidio es baja. Más importantes son las variables distales del modelo ecológico, es decir, las situadas en el exo-sistema, macro-sistema y micro-sistema (podría decirse que casi en ese orden). Los factores que elevan en mayor proporción el riesgo de ser víctima de tentativa de feminicidio son haber sido alguna vez víctima de violencia sexual (exo-sistema) y justificar la violencia contra las mujeres (macro-sistema), evidencia que refleja la estructura de poder y dominación más allá de lo individual sobre la cual se asienta esta forma de violencia.
La concurrencia del exo y macro sistema como grandes explicaciones de las tentativas de feminicidio sugiere una primera respuesta al por qué la violencia contra las mujeres es aún alta y de lenta disminución en el Perú. Mientras que el exo-sistema recoge las reglas formales e informales, el macro-sistema representa los valores más amplios y compartidos sobre la masculinidad, la dominación, los roles de género rígidos, etc. El calaje de lo que contienen los sistemas exo y macro hace que el cambio en las relaciones interpersonales dependa de una estructura mayor de lento cambio y sin impacto homogéneo en la población.
En aparente contradicción con la lógica de factores de riesgo de tentativa de feminicidio, la violencia relacional es un factor protectivo del riesgo de este fenómeno. Serían dos situaciones las que explicarían este resultado. De un lado, reflejaría la tensión entre los sistemas macro, exo y micro. Mientras que en estos últimos los cambios son lentos por definición, la presencia de ciertas formas de violencia (relacional) podría ser una señal de alerta que las mujeres identifican y con la cual lidian sin que esta escale a formas casi letales. Una explicación alternativa es que el efecto de la violencia relacional estaría recogiendo el efecto promedio de agresores de distinto perfil. En otras palabras, en línea con una larga y metodológicamente sólida literatura, existen tipologías de agresores que permanecen no observadas en la data.
 
Desde lo contextual, se probó que la variabilidad de las tentativas de feminicidios está asociada a determinadas características socioestructurales del distrito de la mujer, lo que releva la importancia de cómo mejorar las políticas públicas para reducir el riesgo de violencia severa. En otras palabras, el efecto de los predictores aumenta cuando la desventaja social en el distrito es mayor, concepto que aglomera factores de riesgo que influyen ecológicamente en las respuestas individuales de cada persona frente a su riesgo de violencia. La relación entre tentativas de feminicidio es la más fuerte en las variables contextuales, sugiriendo que no es la pobreza sino la interacción de los factores vinculados a ella la que determina cómo, en qué sentido y por qué determinados factores de riesgo en el barrio se asocian a la mayor o menor frecuencia de tentativas de feminicidio en estos y, en general, violencia contra las mujeres (Miles-Doan, 1998).
 
Similares efectos se hallaron respecto de la presencia de determinadas instituciones. La presencia de comisaría reduce la variabilidad de las tentativas de feminicidio, al igual que el mayor número de policías. La explicación estaría en aquello que las comisarías y un mayor número de policías representan: la posibilidad de iniciar una denuncia penal por violencia contra la mujer, aspecto que aumenta las dos probabilidades elementales para la discusión (la probabilidad de ser detectado y de eventualmente sancionado).
 

Determinantes de los feminicidios

La pregunta de qué causa los feminicidios también fue abordada para identificar la influencia de factores individuales y contextuales. Se empleó igualmente el marco del modelo ecológico de la violencia, aunque solo se pudo evaluar dos niveles (historia personal y micro-sistema) debido a la carencia de mayor información en la fuente empleada (Registro Administrativo de las Fichas de Feminicidio y Tentativa del MIMP).
 
En forma contraria a la literatura, a mayor diferencia de edades entre víctima y agresor, menor es el riesgo de pasar de ser víctima de tentativa de feminicidio a ser víctima de feminicidio. Este resultado sugiere que para el caso peruano – una sociedad machista –, el riesgo de violencia no se sostiene en la diferenciad de edades, sino en otros aspectos que estructuran las relaciones sociales.
 
En línea con la literatura, los antecedentes de violencia tienen efectos sobre el riesgo de feminicidio. Sin embargo, estas relaciones serían de una complejidad mayor. No es el efecto individual de la violencia psicológica, física o sexual la que eleva el riesgo de violencia, sino la combinación de violencia psicológica y física. La existencia de registros aislados de alguna de estas formas de violencia sería indicativo de patrones de agresiones (tipologías de agresores). Este resultado no sería el único que expresa la posible existencia de tipologías de agresores. Haber actuado con premeditación en la comisión del feminicidio (elección del momento, elección y carga de armas u objetos contundentes, etc.) fue un predictor importante de su riesgo. Teniendo en cuenta que no todos los feminicidas actúan bajo criterios de planificación, el riesgo de feminicidio sería más alto en las mujeres con parejas capaces de pensar en un asesinato como un acto consecutivo de actos pensados y planificados.
 
La evaluación de efectos contextuales dejó una conclusión importante de la presencia de instituciones sobre el riesgo de feminicidio. Mientras que el mayor número de policías aumentó la variabilidad de este riesgo, la presencia de un Centro de Emergencia Mujer lo redujo. Si bien el primer efecto es significativo al 15% y el segundo al 1%, los efectos opuestos hacen alusión a cómo los roles reactivos (Policía) y preventivos y de acompañamiento (Centros de Emergencia Mujer) generan incentivos distintos para las agresiones letales de mujeres. Es necesario generar mayor atención sobre estos aspectos, pero también tener en cuenta que las estrategias que solo han aumentado la oferta de servicios exponen a las mujeres a más violencia cuando el sistema de justicia no es efectivo.

Impacto de las tentativas de feminicidio

Bajo la intención de vislumbrar las consecuencias de la violencia más allá del acto propio de la agresión, se estimó el efecto de haber estado expuesta a una tentativa de feminicidio en los últimos doce meses (se tomó la proxy construida y no las fuentes oficiales debido a su grave problema de sub reporte). La revisión de literatura otorgó una primera visión del amplio espectro de impacto de la violencia sobre la salud física y mental de las mujeres que la sufren así como de sus hijos.
 
En general, los resultados brindan evidencia a un aspecto de sentido común reconocido por otros trabajos: la violencia contra la mujer – en nuestro caso, las tentativas de feminicidio – impacta en la salud mental de las mujeres. La contribución ha sido identificar que este efecto tiene tres características. Primero, no distingue entre depresión reciente (últimos 14 días) y depresión no reciente (últimos 12 meses), habida cuenta que el efecto cubre ambas formas. Segundo, no solo aumentaron los índices agregados de depresión, sino todos los ítems empleados para construirlos, resultado que sugiere una amplia cobertura en el impacto. Tercero, los efectos parecen no diferenciarse en tamaño entre los ítems desagregados de depresión, lo que sugiere un efecto relativamente homogéneo.
 
Además, haber estado expuesta a tentativa de feminicidio aumentó la detección de hipertensión pero redujo la de diabetes. Debido a la falta de robustez de estos últimos resultados, es necesario que futuras investigaciones profundicen en estos hallazgos. Asimismo, la violencia casi letal generó cambios en el consumo de alcohol y cigarros, lo que se manifestó en el aumento de consumo pero también en una aparente incorporación del hábito de fumar en la vida diaria de la mujer. La mayor parte de estos efectos están relacionados. En dicha relación, la depresión – y el estrés asociado – juega un rol fundamental ya que canaliza el efecto sobre la hipertensión y el consumo de alcohol y cigarros. Finalmente, se analizó el efecto de haber estado expuesta a tentativas de feminicidio sobre la salud física de los hijos e hijas. Los resultados robustos señalan que aumenta la incidencia de diarreas recientes, y fiebre y tos en las últimas dos semanas. Todos estos hallazgos ponen de relieve la necesidad de fortalecer el énfasis de prevención y tratamiento de problemas de salud mental y física, especialmente en mujeres afectadas por violencia severa y en aquellas que acuden a servicios de orientación, defensa y soporte psicológico.
 
La segunda metodología empleada para evaluar los efectos de la violencia feminicidio recayó en la estimación de los años de vida que se pierden por muerte prematura o por haber vivido un tiempo bajo violencia. Entre el 2011 y el 2015, se perdieron 16,567 años de vida por todos los feminicidios ejecutados. Solo en el 2015, se perdieron otros 135 mil años como consecuencia de las dolencias y enfermedades asociadas a estar expuesta a tentativa de feminicidio.
 

Validación (a nivel piloto) de una herramienta para la evaluación del riesgo de violencia extrema hacia las mujeres

Actualmente, los CEM aplican un instrumento para valorar el riesgo de violencia extrema letal o casi letal (feminicidio) hacia las mujeres que acuden por sus servicios. La aplicación de dicho protocolo produce un puntaje que valora el riesgo de dicha violencia. El problema es que tal instrumento fue construido en gabinete. En este trabajo se adaptó y validó psicométricamente el Danger Assessment, un instrumento bastante utilizado en otras realidades. La validación se hizo con 435 mujeres atendidas en CEM de Lima. Producto de este trabajo, se construyó una escala de Evaluación del riesgo (DA), versión abreviada, que en base a nueve preguntas (intensidad de violencia, uso de armas, amenazas, existencia de hijos, intento de estrangulamiento, celos, agresiones durante embarazo y posibilidad de ser asesinada) valora el riesgo de tentativa de feminicidio. Esta versión breve reduce el tiempo de atención, permitiendo dirigirlo hacia otras actividades con las usuarias de los CEM, y evitar formular preguntas que pueden activar daño emocional en las víctimas o que contribuyen poco con la identificación de las estrategias de abordaje del problema de violencia.