Una estrategia para el desarrollo

INTRODUCCIÓN


El objetivo de este documento es plantear los lineamientos de una estrategia para el desarrollo y describir algunas de sus implicancias para la agenda de investigación sobre el desarrollo. El título hace deliberada referencia a La estrategia del desarrollo económico de Albert Hirschman y su énfasis en los procesos antes que en precios y cantidades. Al dejar la palabra “económico” fuera de título, desde luego, no se pretende ser más amplio o profundo que Hirschman. Sin embargo, la investigación sobre el desarrollo se ha desdoblado en múltiples direcciones desde la aparición del libro pionero de Hirschman en 1958, y hoy en día el adjetivo “económico” puede ser interpretado de una manera demasiado estrecha para la estrategia que aquí se pretende bosquejar.

Esta estrategia recae también fuertemente en la magnífica visión de Schumpeter sobre la dinámica de la economía de mercado. Además de Hirschman y Schumpeter, debe también ser mencionado Amartya Sen, quien ha sido central para la ampliación de la perspectiva sobre el significado de “desarrollo” y “reducción de la pobreza”. El título de su libro Desarrollo y libertad (1999) encierra la idea central del desarrollo como el mejoramiento de las aptitudes que tienen los individuos para darle forma a sus propias vidas. Esto nos orienta hacia libertades y aptitudes ex ante más que hacia resultados ex post. Las influencias directas e indirectas de esta visión sobre los procesos y objetivos del desarrollo de Hirschman, Schumpeter y Sen serán claras en la estrategia que se pretende esbozar aquí.

Hay dos grandes ejes sobre los cuales se basa esta estrategia para el desarrollo. En primer lugar, la construcción de un clima de inversión para que se den inversión y crecimiento y, en segundo lugar, el empoderamiento de los pobres para que ellos sean partícipes de ese crecimiento. Se trata, pues, de una estrategia para el crecimiento pro-pobre. Los vínculos clave entre el clima de inversión y el empoderamiento serán examinados como los ejes estratégicos, y la meta será un desarrollo que reduzca la pobreza. Puede esperarse que esta estrategia para el desarrollo suene muy razonable; más aun, casi obvia. Pero esta descripción es, de algún modo, nueva, y no está universalmente aceptada.

La palabra “inversión” en la frase “clima de inversión” podrá evocar, en algunos de los lectores, recuerdos de las filosofías de desarrollo de las décadas del cincuenta y sesenta, cuando se daba énfasis al crecimiento a través de acumulación de capital. Por aquél entonces existía desconfianza en el sector privado y muy pocas menciones acerca de la empresa privada o la inclusión social. Así, la asistencia para el desarrollo era vista primordialmente como la transferencia de capital a los países que recientemente emergían del colonialismo y aspiraban a compartir la posición de los países industrializados.

Ojalá sea mucho lo que se ha aprendido desde esos tempranos días en la economía del desarrollo.

El foco del presente documento será muy distinto al de aquellos primeros modelos y estará puesto, primero, en el crecimiento conducido por el sector privado y, después, en cómo darle a los pobres el poder que les permita participar intensamente del proceso de crecimiento. Ambos elementos son cruciales para combatir la pobreza. En primer lugar, considérese el papel del sector privado. No sólo es el motor principal del crecimiento agregado, sino que además es el principal proveedor de actividad económica para la gente pobre.

De los 1,200 millones de personas en el mundo que viven con menos de un dólar diario, sólo una minúscula proporción trabaja en el sector público. Así, el crecimiento del sector privado es vital para la reducción de la pobreza. Pero ese crecimiento no tendrá lugar como un simple traslado de inversión a aumentos de producción. En lugar de ello, lo que captura la noción del clima de inversión es una visión schumpeteriana sobre la inversión y el crecimiento: en ella, no importa simplemente la cantidad de inversión que ocurra, sino que además importa lo que la origina, las consecuencias que genera, sus efectos dinámicos en la productividad y en la mayor amplitud de oportunidades, y lo que sucede con otros factores de producción y su productividad. En otras palabras, lo que se quiere capturar es el proceso completo de inversión y crecimiento, y no simplemente una imagen del estado o curso de la inversión. Tal como el concepto del “clima de inversión” amplía la visión sobre los procesos de producción de una manera útil, así también se ha extendido la noción de lo que es la pobreza pasando, como ya se dijo, de una noción ex post a una noción ex ante. En lugar de simplemente preguntarse si el nivel de ingreso de una persona la clasifica como pobre, este documento se pregunta si dicha persona tiene, y hasta qué punto, las capacidades y el entorno necesarios para la acción y el éxito: oportunidad, empoderamiento y seguridad, para utilizar la trilogía del Informe sobre el desarrollo mundial 2000/1. (Banco Mundial 2001a). Esta trilogía captura la noción de libertad ex ante de la pobreza y la idea de que hay más dimensiones de la pobreza además de un escaso nivel de ingreso. Atacar la pobreza, en un sentido amplio, tiene que ver con el empoderamiento de los pobres que les permita darle forma a sus propias vidas a través de oportunidades de educación, salud, reducción del riesgo y participación en las decisiones clave que los afectan a ellos y a sus familias.

Autor:

Nicholas Stern

 


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