El agro peruano frente al TLC: Oportunidades más que amenazas
| Portada del numero 28 |
Cies: Nuevos conocimientos para mejores políticas |
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Autor: Pablo de la Flor
Alan García ha hablado de un shock pedagógico, de aumentar las clases en una hora diaria, de capacitación laboral y regionalización educativa. Para Lourdes Flores la revolución se lograría dotando de laptops a los estudiantes, renovando el currículo escolar, fortaleciendo la administración escolar y usando mediciones de los desempeños escolares. Según Valentín Paniagua, se lograría firmando multipartidariamente un “Pacto por la Educación” para el largo plazo, que implementaría el Proyecto Educativo Nacional propuesto por el Consejo Nacional de Educación, priorizando la educación rural. Ollanta Humala ha hablado de una educación orientada hacia la producción, una carrera docente meritocrática y la generación de recursos adicionales para la educación a partir de impuestos a las sobreganancias mineras. Sin duda, el propósito revolucionario es loable pero lamentablemente se queda en enunciados. Una revolución no se puede hacer sin revolucionarios y sin planteamientos revolucionarios. Lo que escuchamos es más de lo mismo. Sin embargo quedan sin responder preguntas importantes. ¿Cómo lograr que la educación peruana que invierte 250 dólares al año por alumno y cuenta con maestros mal preparados, compita exitosamente con la europea ó asiática que invierte 5,000 dólares al año y cuenta con docentes postgraduados? Nuestros candidatos siguen dando vuelta en torno a los lugares comunes que se encuentran en cualquier discurso electoral latinoamericano sobre políticas educativas, sin tocar carne. Siguen planteando que haremos una gran revolución educativa si aumentamos el financiamiento, mejoramos los salarios magisteriales de acuerdo a méritos; si alfabetizamos a los más de dos millones de analfabetos y orientamos la educación hacia la capacitación laboral. Eso no lo han logrado los chilenos, argentinos, brasileros ni mexicanos, nuestros compañeros de tragedia educativa según PISA, aún teniendo más recursos. En suma, ninguna de las promesas de revolución educativa está sustentada en propuestas que se confronten de verdad con las estructuras vigentes, los paradigmas convencionales y los grupos de interés existentes (como los grupos magisteriales o los grupos de propietarios de instituciones educativas) Las propuestas tampoco muestran cómo se pueden dar verdaderos saltos en la calidad y equidad educativa en el corto plazo. Sin duda es más cómodo no tocar temas sensibles como podrían serlo por ejemplo, hablar de una revolución desde la organización de los padres de familia, desde el uso de la tecnología, o desde un cambio en la gestión educativa. Este cambio en temas como el de la autonomía podría ir desde el enfoque liberal que permitiría a cada colegio tener una gestión cercana a la privada, -administrando libremente los recursos materiales y a los docentes en función a su desempeño-, hasta el enfoque estatista, que diluiría la educación privada dentro de la pública, desapareciendo sus particularidades y prerrogativas. Sin embargo, nada de eso se toca. Nadie quiere arriesgarse.El agro peruano frente al TLC: Oportunidades más que amenazas El TLC con Estados Unidos es un elemento central de la estrategia de integración comercial y económica del Perú al mundo. Estados Unidos es nuestro principal socio comercial pues concentra el 29% de nuestras exportaciones y el 20% de lo que le compramos al mundo. El impacto agregado de un TLC con este país en el PBI peruano fluctúa entre 1,6 y 2% en el corto plazo y entre 2% y 7% en el largo plazo[2]. En el caso del sector agrícola el impacto se proyecta entre 0,3 y 9%[3] sobre la producción, mientras que en las exportaciones del sector se proyecta un efecto de entre 0,7 y 24%[4]. De nuestro universo agrícola, son muchos los productos ganadores, ahí tenemos los vegetales, frutas y nueces, los cuales se producen en distintas regiones de nuestro país. Esto es fundamental, pues se generará un impacto directo en las regiones a través de un mayor empleo, incremento del PBI regional; entre otros. Efectos que, bajo los beneficios del ATPDEA, ya se viene experimentando en algunas zonas del país. En el primer grupo de productos tenemos los espárragos, alcachofas, páprika, paltas, ajos, coliflor, aceitunas, diversos tipos de ajíes, y otros vegetales leguminosos. En el segundo grupo, están los cítricos, mangos, sandías, melones, plátanos, uvas, dátiles, etc. Contrariamente a lo que algunos creen, el azúcar es también un producto potencialmente ganador. Se estima un aumento de hasta 1,2% sobre la producción y de 30% sobre las exportaciones. Bajo un contexto de liberalización del sector o un incremento de la cuota de exportación hacia EE.UU., las ganancias del productor podrían aumentar entre 1 y 7%, respecto de los niveles actuales, mientras que el beneficio para el consumidor peruano se sitúa en US$ 5,8 millones. Beneficios que serían mayores de continuarse con el proceso de reestructuración empresarial de las empresas azucareras.[5] De otro lado, los productos que podrían ser afectados por la apertura comercial son los cereales y el algodón. Pero podemos hacer frente a estos desafíos y en ello se viene trabajando en dos vías, las que las abordaremos más adelante, mientras, podemos afirmar con seguridad que son más los productos que aprovecharán los beneficios del TLC que aquellos que potencialmente podrían ser afectados. Lo que buscamos en las negociaciones agrícolas del TLC con EE.UU. es garantizar el acceso permanente y preferente para nuestros productos de exportación actuales y potenciales, y al mismo tiempo proteger y dar espacio para que nuestros productos sensibles se ajusten gradualmente a la desgravación arancelaria. Sin duda, la apertura comercial y las distorsiones que generan los subsidios que Estados Unidos aplica a sus productos –que no son de la magnitud que se refiere cotidianamente- trae consigo ciertos desafíos, y estamos trabajando para enfrentarlos bajo dos vías: negociación de mecanismos de protección y un Programa Nacional de Reconversión y Compensación para el Agro. Respecto de los mecanismos de protección que se vienen negociando destacan los plazos largos de desgravación que llegan hasta 15 ó 20 años, los contingentes arancelarios compuesto por cuotas libres de arancel y la aplicación de aranceles para las importaciones por encima de la cuota, y un mecanismo de salvaguardias especiales que se utilizarían en casos de daño o amenaza de daño. Paralelamente, se está buscando mejorar la competitividad de los agricultores con el establecimiento de ayudas internas que se suman a una plataforma de servicios que está trabajando el Ministerio de Agricultura. Esta plataforma refuerza aspectos tecnológicos, sanitarios y de asistencia comercial, dentro del Programa Nacional de Reconversión y Compensación Agraria. Lo que tenemos que reconocer es que el agro peruano presenta problemas estructurales acentuados a lo largo de varias décadas. El TLC con Estados Unidos puede ser ese instrumento que ayude a revertir esos problemas. No obstante, no es un sustituto de las políticas de mejora de la competitividad agraria que tenemos que aplicar. La experiencia de México Conocer la experiencia mexicana da luces acerca de los posibles impactos del TLC en el agro. En una reciente publicación del Banco Mundial[6] se señala que “…es difícil afirmar que el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) tuvo un efecto devastador sobre la agricultura mexicana.”. Esto se deriva del hecho de que la producción agrícola aumentó a una tasa de 1,5% promedio anual en los años posteriores a la implementación de este acuerdo (1994). Recordemos además, que apenas se implementó este Tratado, México tuvo que afrontar una crisis internacional, el recordado efecto Tequila, que de hecho retrasó algunos avances que pudo registrar la economía mexicana en el marco del TLCAN. Con relación a los productos sensibles en las actividades agrícolas tradicionales en México como el maíz, el frijol, y otros productos, lo que la experiencia muestra es que a pesar del incremento de las importaciones durante los años posteriores al inicio del TLCAN, la producción fue mayor llegando a estar 7% por encima de los niveles registrados en los años previos al inicio de la vigencia del acuerdo. En cuanto a los índices de productividad, el agro mexicano también mostró incrementos importantes (por encima del 11%). En la actualidad, 21 productos agropecuarios mexicanos ocupan el primer lugar en las importaciones de Estados Unidos. En ese contexto, el TLCAN dio al campo mexicano nuevos mercados y permitió a los productores, por ejemplo a los de palta Hass de Michoacán, superar décadas de proteccionismo estadounidense, encubierto en barreras fitosanitarias. |

Los candidatos presidenciales más populares han prometido, de uno u otro modo, revolucionar la educación peruana. Han ofrecido financiarla con el 6% del