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Macroeconomía y pobreza

 
Portada del número 26
Cies: Nuevos conocimientos para mejores políticas

Autor: José Luis Sardón
(UPC*)

En el Perú, los niveles de pobreza bajaron al promediar la década pasada, pero luego volvieron a niveles superiores al 50%. La extrema pobreza, por otro lado, se mantiene cercana al 20%. ¿Por qué ocurre esto, si las políticas macroeconómicas son correctas?

Al igual que en Perú, la pobreza persiste en casi toda la región. Chile es la excepción, donde en los últimos quince años se ha reducido la pobreza de 40% a 20%, y la pobreza extrema de 13% a 7%. Precisamente el tema de la pobreza fue el tema central de la última edición del Seminario en Latinoamérica (SELA) de la Yale Law School, por lo que las opiniones vertidas en ella pueden ayudar a comprender la situación peruana.

Según el destacado economista Harold Beyer, del Centro de Estudios Públicos, la explicación principal de este excepcional logro chileno radica en haber tenido un crecimiento económico de más de 7% anual promedio. Este panorama es, pues, muy distinto al del Perú. Con el actual gobierno, la tasa de crecimiento anual promedio es de 3.6%: alta en comparación a nuestra historia económica, pero la mitad de la chilena.

El crecimiento chileno no es cosa de los últimos cuatro años sino que se remonta a los últimos quince. Por tanto, debe indicarse que sólo se logra reducir los niveles de pobreza si se tiene crecimiento alto y sostenido. ¿Cómo así ha logrado Chile este crecimiento? Beyer subrayó la importancia de políticas macroeconómicas adecuadas: estabilidad monetaria, apertura comercial y promoción de la inversión privada en todos los ámbitos de la economía.

Sin embargo, me atrevería a señalar que la explicación del crecimiento chileno no se agota en la macroeconomía. Una parte importante de tal explicación radica en la reforma de su sistema político. En el propio SELA, el destacado profesor de la Yale Law School, George L. Priest, presentó una extraordinaria ponencia que brindó un marco conceptual más amplio para la reducción de la pobreza en el mundo. Según Priest, la clave para reducir los niveles de pobreza radica, principalmente, en la reforma institucional de los gobiernos de los países pobres. Estos gobiernos –poco representativos y poco responsables– mantienen hundidas a sus poblaciones.

En el caso chileno, no es sólo que el gobierno haya enfocado mejor su rol en la economía; además, ha resultado crucial la reforma de reglas de juego político que han enrumbado a Chile hacia el bipartidismo. A diferencia de ello, el Perú está lejos de contar con un sistema de partidos, en el cual se dé un contrapunto constructivo entre gobierno y oposición. Tenemos un Congreso fragmentado en más de diez bancadas partidarias.

La falta de orden político configura un panorama incierto en el que cualquier cosa puede pasar. De hecho, estando apenas a siete meses de las próximas elecciones, no se tienen claras las opciones de gobierno. Más grave aún, en el Perú no hay sólo una falta de orden político sino de orden público. El “arequipazo” de 2002 no sólo paralizó las privatizaciones sino que inauguró un estilo nefasto de protesta social.

Como consecuencia de ello, en la última encuesta nacional de Apoyo, Ollanta Humala se ubica en el quinto lugar de las preferencias ciudadanas, luego de Lourdes Flores, Luis Castañeda, Alan García y Valentín Paniagua. A muchos ciudadanos, pues, la añoranza por el orden público les hace simpatizar con opciones como las que representa Humala. El autoritarismo de Humala les parece un detalle secundario.

Para lograr el objetivo universalmente compartido de reducir los niveles de pobreza, por tanto, deberíamos persistir en políticas macroeconómicas bien enfocadas, pero añadir a ello la reforma institucional de nuestro sistema político. El Perú requiere un sistema político más representativo y estructurado.

[*] Director Ejecutivo, Sociedad de Economía y Derecho UPC.

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