La demanda por calorías y la productividad laboral
| Portada del número 40 |
Cies: Nuevos conocimientos para mejores políticas |
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Pablo Lavado y José Gallegos (CIUP) (1)
De acuerdo a la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO), entre 1998 y 2002 la incidencia de la pobreza extrema se incrementó en 7,5%, mientras que la proporción de individuos que no pudieron cubrir sus necesidades calóricas se elevó de 22,3% a 36,3%. En el mismo periodo, los salarios disminuyeron más de 30% en Lima Metropolitana. En este contexto surge la pregunta: ¿existe alguna relación entre el nivel de calorías demandado por el hogar y la productividad de los individuos en el mercado laboral? ¿Cómo ha evolucionado la disponibilidad de calorías y las remuneraciones entre 1998 y 2002? Entre otros datos, la cantidad de calorías diarias per cápita presenta una disminución mayor al 17%, a la vez que la remuneración real por hora promedio disminuyó en 38%. En el año 2002, siete de cada diez pobres extremos sufrían de pobreza calórica. Para aproximar el impacto de la demanda de calorías sobre la productividad de los individuos en el mercado laboral, se estimó la demanda de calorías en el hogar, teniendo en cuenta (entre otras variables) la participación en los programas sociales. Posteriormente, se estimó una ecuación de salarios, en la cual se incluyó el nivel de calorías disponibles en el hogar calculadas previamente. De esta manera se recogió el efecto de de las calorías disponibles en la productividad de los individuos. Los resultados permitieron corroborar que el consumo de calorías tiene un efecto positivo en la productividad del individuo. Este efecto también se observa cuando la muestra es desagregada por género, zona de residencia e incluso de acuerdo con el sector económico en el que participa el individuo. Con respecto a la demanda por calorías de los hogares, los resultados muestran la importancia de la educación del jefe del hogar. Se esperaría que un mayor nivel educativo de aquel que toma las decisiones estaría correlacionado con una mayor preocupación por los hábitos alimenticios. Asimismo, se encuentra que los hogares residentes fuera de Lima demandan una mayor cantidad de calorías que los que residen al interior de ella. Esto está relacionado con el nivel de actividad de los miembros que componen los hogares. En particular, las actividades que los individuos desempeñan en las zonas rurales demandan mayor energía física, por lo que requieren un mayor consumo de calorías. Con respecto al acceso a programas alimentarios, los resultados muestran que, a pesar de ser concebidos para reducir el impacto de la crisis en el bienestar de los más necesitados, estos habrían incluso mermado el estado nutricional de las familias. Solo el programa del Vaso de Leche tendría un efecto positivo en los hogares. Esto evidencia que los programas con una población objetivo bien definida, como el mencionado, tienen un efecto positivo. Por el contrario aquellos con mala focalización tienen un impacto negativo en la demanda por calorías. A la luz de estos hechos, cabe preguntarnos: ¿cuál ha sido el verdadero papel desempeñado por estos programas?, ¿qué queda por hacer? Los programas sociales no necesariamente han operado con el único objetivo de mejorar la calidad de vida de los más necesitados. Por ello, es recomendable que sean manejados con un criterio técnico, no político. Asimismo, es importante diseñar un sistema de focalización adecuado que permita que los recursos escasos de estos programas lleguen a los más pobres. [1] Resumen del documento “La demanda por calorías en los hogares peruanos y su impacto en la productividad de los individuos en el mercado laboral” elaborado por los autores en el marco del concurso de investigación ACDI – IDRC 2004. Podrá descargar la versión completa en http://cies.org.pe/files/active/0/PM04_04.pdf |
