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El TLC con EEUU: oportunidades y desafíos

 
Portada del número 12 Cies: Nuevos conocimientos para mejores políticas

Autor: Humberto Campodónico
(Investigador de DESCO)
 

La negociación del TLC con EEUU abre al país una serie de oportunidades, a la vez que retos y desafíos. Sin embargo, desde el punto de vista de la teoría neoclásica del comercio internacional, un TLC es un acuerdo comercial muy malo, un tercer mejor. Es el preferido por EEUU pues le permite inclinar fácilmente la balanza a su favor debido al tamaño de su economía. Por el contrario, en el marco del ALCA, Argentina y Brasil no aceptaron que EEUU excluya a los productos agrícolas de la negociación. Así, privilegiar la negociación comercial multilateral, en el marco de la Organización Mundial de Comercio (OMC) es una mejor alternativa.

El ALCA se constituye como una segunda mejor opción, pues es una negociación entre 34 países del hemisferio, que conforman un mercado superior a los US$ 13 billones y 500 millones de habitantes. Algunos analistas afirman que, si bien el ALCA no es lo óptimo, por lo menos no sería un tropiezo en el camino del comercio, sino más bien un “building block”. Pero ir avanzando de a pasitos conlleva algunas desventajas. Según el economista liberal Jadish Bhagwati, los acuerdos regionales y bilaterales de libre comercio van formando una especie de “plato de spaguetti”, con tantos mecanismos, cláusulas y salvaguardas que no se sabe ni dónde comienza ni dónde termina.

Desde un punto de vista pragmático, se trata de una negociación entre dos países desiguales. El PBI de EEUU es US$ 11 billones, o sea 200 veces superior al peruano. Este hecho inclina la balanza de poder hacia un solo lado. Sin embargo, esta asimetría puede generar una ventaja importante para los exportadores peruanos, pues el tamaño del mercado norteamericano genera nuevas posibilidades de negocio.

Por eso, es importante la actitud y el enfoque de los negociadores. Si se cree que el crecimiento y el desarrollo sostenible se pueden lograr únicamente con el crecimiento de las exportaciones, entonces vamos mal. Tiene que haber un adecuado equilibrio entre la conquista de los mercados externos y el desarrollo del mercado interno. No olvidemos que ningún país desarrollado ha llegado a ese estado únicamente con el crecimiento de las exportaciones. Desde los inicios del capitalismo industrial, la ampliación del mercado interno fue la clave para lanzarse a la conquista de los mercados externos. Así fue en Inglaterra, Francia, Alemania, Japón y EEUU.

Recientemente, los países del sudeste asiático siguieron la misma política. Al principio, protegieron sus mercados internos y, luego, los pactos entre el Estado y los grandes grupos empresariales (que de Soto llamaría “mercantilistas”) aumentaron las exportaciones industriales. El Banco Mundial, en su “mea culpa” por no haber entendido este “milagro”, dijo que éste se hizo teniendo equivocados los “precios correctos” que manda la teoría (tasas de interés subsidiadas, moneda nacional devaluada, incentivos arancelarios, préstamos dirigidos, entre otros). Lo mismo sucede, y más, con la economía china, estrella actual del crecimiento mundial.

EEUU tiene como objetivo la eliminación de la franja de precios del Perú y de los países andinos que corrige la distorsión causada por los subsidios que otorgan a sus productos agrícolas (superiores a los US$ 180,000 millones). En el TLC con Chile, el país del sur se ha comprometido a eliminar su franja de precios en 12 años, sin que EEUU se comprometa a eliminar sus apoyos internos en ese plazo (EEUU dice que “tratará” de hacerlo en la OMC).

Si eso sucede en Perú, el 66% de los pobres de la Sierra se verá sometido a la competencia de productos subsidiados. En México, los pobres pudieron emigrar a EEUU. Pero ese tema no se negocia en el TLC. Tampoco se negocia, como sí se hizo en la Unión Europea, un programa de ayuda para las regiones más atrasadas como Portugal, España y Grecia, que permitió el despegue de estas economías.

El TLC no trata únicamente sobre comercio, sino de temas que, en muchos casos, nada tienen que ver con éste: propiedad intelectual, inversiones, compras gubernamentales, medio ambiente, leyes laborales y mecanismos de solución de controversias. Estos nuevos temas se han puesto recién en la mesa de negociación debido a las exigencias de los países industrializados. Aun no gozan de consenso en la OMC ni en el ALCA por parte de los países en desarrollo, motivo por el cual las negociaciones están entrampadas. Sin embargo, sí están en la agenda del TLC en las condiciones asimétricas ya señaladas.

Finalmente, debemos tener en cuenta que la Comisión Multisectorial que va a fijar la posición negociadora peruana está formada por ocho personas, todas del Poder Ejecutivo. La preside el MINCETUR, y la integran el MEF, Relaciones Exteriores, Agricultura, PRODUCE, Energía y Minas, el Vice Ministro de Comercio Exterior y el Embajador del Perú en Washington. Lo singular es que seis de éstas también forman parte del Comité Técnico Negociador. Esto puede atraer fuertes críticas al igual que sucedió en Colombia, pues no está bien que los mismos ministerios y personas sean juez y parte. La autoevaluación nunca ha sido buena consejera. La salida podría ser incluir al Congreso, para que todos los partidos se sientan representados en la posición que finalmente adopte la Comisión Multisectorial. Si esto no se hace, entonces la tendencia a politizar la negociación crecerá a medida que avanza el calendario electoral hacia el 2006.

Recordemos que la negociación trae oportunidades, a la vez que desafíos. En última instancia, ningún TLC es capaz de sustituir a las políticas de los Estados que permitan lograr empleos, disminuir la pobreza y reducir las desigualdades. Eso no se logra solo con el aumento de las exportaciones. Por eso, no hay que sobrevender el TLC.

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