¿Han afectado los programas de planificación familiar los patrones de fecundidad en el Perú?
| Portada del Número 12 | Cies: Nuevos conocimientos para mejores políticas |
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Autores: Martín Valdivia
En las últimas décadas, la tasa de fecundidad se ha reducido drásticamente, cayendo de más de 6 niños por mujer a inicios de los sesenta a poco menos de 3 en el año 2000[1]. Diversos factores pueden ayudar a explicar esta evolución, entre ellas, el aumento en el nivel de educación en general, y de las mujeres en particular, el proceso de urbanización desde mediados del siglo pasado, el aumento en el acceso a métodos anticonceptivos modernos, entre otros. Muchos de estos factores, sin embargo, están fuertemente relacionados con el nivel socio-económico de las mujeres, y ello explica también que la reducción observada en la fecundidad conlleve fuertes desigualdades entre los grupos sociales. Así, según la ENDES 2000, la tasa de fecundidad en áreas rurales (4.3) es el doble que en las áreas urbanas. De la misma forma, es 3 veces más alta entre las mujeres del quintil más pobre (5.3 niños por mujer) que entre las mujeres del nivel más rico. Esta evolución diferenciada hace particularmente necesario identificar los factores que determinan los patrones de fecundidad de las mujeres peruanas, en la medida que los mismos están íntimamente relacionados con la perpetuación de la pobreza y la equidad de género. La literatura es cada vez más contundente en mostrar el círculo vicioso existente entre la alta fecundidad, la pobreza, la inequidad de género y el deterioro del entorno local, el mismo que facilita la transmisión intergeneracional de la pobreza. En el Perú, recién hacia 1995 se establecieron objetivos específicos para la política de salud reproductiva en el gobierno peruano. Específicamente, se buscó incrementar el acceso oportuno a los servicios de salud reproductiva y planificación familiar, mejorar la cobertura y la calidad de la atención y generar una demanda informada. Con una visión limitada hacia el control poblacional, la principal medida estableció la gratuidad de la entrega de todos los MAM como inyecciones, preservativos y píldoras, lo que resultó en un incremento de 4.4% de mujeres en edad reproductiva que utilizaban algún MAM en 1986 a 27.7% en el año 2000. En este contexto, los PPF resultan uno de los determinantes fundamentales de la fecundidad, por lo que la caracterización de los patrones de aquella y la evaluación del impacto de sus intervenciones son cruciales para la redefinición de las prioridades del sector. El estudio analiza la importancia de las PPF para explicar cuatro variables: el uso de MAM, la fecundidad, el espaciamiento entre nacimientos y el nivel nutricional de los niños menores de cinco años. De otro lado, los resultados del análisis econométrico muestran que, controlando por las características socio-económicas y culturales de las mujeres, los PPF han tenido un efecto significativo sobre la utilización de MAM, el espaciamiento entre nacimientos y el nivel nutricional de los niños menores de cinco años. En efecto, el acceso a los PPF fomenta la utilización de los MAM, permiten un mejor manejo de los tiempos entre nacimientos a las mujeres y permite una mejor nutrición de los niños al ocuparse de un menor número de ellos. Contrariamente a lo esperado, no obstante, se encontró que los PPF están asociados con una mayor fecundidad total. Pero ello se debe, precisamente, a que estos programas concentran su acción en aquellas mujeres jóvenes con mayor riesgo de fecundidad temprana. Asimismo, los PPF toman tiempo en afectar los patrones de comportamiento de las mujeres, por lo que su efecto es menor en dichos grupos. Conclusiones Los programas de planificación familiar no sólo permiten que hombres y mujeres ejerzan sus derechos reproductivos de manera más igualitaria, sino que además contribuyen a romper el círculo vicioso que se genera a partir de la transmisión intergeneracional de la pobreza. El efecto positivo de dichos programas sobre la nutrición infantil revela la existencia de una relación inversa entre la calidad de vida y la cantidad de los hijos. Ello implica que los padres eligen tener menos hijos porque comprenden que tal situación les permite invertir más en su educación. No obstante, estos efectos no se observan sino hasta el mediano o largo plazo, y requieren de un conjunto adicional de medidas complementarias. Finalmente, debe tenerse en cuenta el carácter preliminar de los resultados, por lo que es necesario incorporar una encuesta a los centros de salud de la muestra de centros pobaldos de ENDES a fin de contar con información más detallada acerca de la intensidad y otras características de los programas. Podrá descargar la versión completa del documento siguiendo este hipervínculo [1] La principal fuente de información utilizada en el estudio está constituida por las Encuestas Nacionales de Demografía y Salud (ENDES) de los años 1986, 1992, 1996 y 2000. |

La expansión de los programas de planificación familiar (