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La auto reconstrucción de viviendas ya empezó

 
Portada del número 49
Cies: Nuevos conocimientos para mejores políticas

Gustavo Riofrío
(DESCO)

Y empieza sin apoyo ni comprensión de las autoridades. El momento del shock ha cedido lugar a una etapa de sostenimiento que aún no culmina. Pero ya se habla de la reconstrucción y desde la autoridad se vienen dando pasos unilaterales para ello. El asunto es que en  una sociedad diversa y compleja como la nuestra van a ocurrir varias reconstrucciones y no sólo una.

Respecto de la vivienda, las calles se vuelven a llenar esta vez con los desmontes producidos por familias que "limpian" sus lotes. Observamos en todos lados que se han recuperado y apilado los adobes que quedaron enteros y el que tiene o consiguió algo ya empezó a comprar sus ladrillos. Estas familias y, por cierto, quienes viven en las áreas rurales construirán sus viviendas como siempre lo han hecho: con los materiales locales y de a pocos. La producción social de la vivienda ha empezado.

No podría ser de otro modo. Solamente un ingenuo podría pensar que la ayuda y los subsidios llegarán a todos los peruanos que la necesitan y que ello sucederá de la manera más adecuada. Se anuncia un subsidio de 6,000 dólares para la familia que compre una vivienda. Se piensa edificar por los grandes constructores y se inician las acciones de COFOPRI para que estos urbanizadores se hagan de terrenos para sus obras. Respecto de la vivienda popular que ya se reconstruirá, sólo hemos escuchado y leído palabras necias que la denigran. Los grandes empresarios no podrán actuar si el Estado no actúa para facilitarles las cosas. Los pequeños, los pobres, las familias ya empezaron. Aquí el Estado tendrá que apurarse para que el resultado de esta pulsión vital de la gente no sea el mismo que ahora lamentamos, precisamente debido a la misma incompetencia y desprecio por las iniciativas de la gente. ¿O es que piensan prohibir esa vivienda, esperar que suceda otro sismo y lavarse las manos luego?

Se ha prometido mucho para pocos, en vez de un más democrático poco que llegue a todos. Como se sabe, aquí reside la diferencia entre el asistencialismo y la asistencia, entre la demagogia y la política social. La producción progresiva de la vivienda también es llevada a cabo por agentes privados. Pero son privados pobres, sin vara y sin presencia real en la autoridad de la reconstrucción. Muchas familias no se mueven del lugar donde están porque sus viviendas no tienen título. Allí también se necesitará a COFOPRI. Otras familias están dispuestas a reconstruir poniendo de la suya. Mil quinientos dolarillos de subsidio y un acompañamiento por parte de técnicos y autoridades (también subsidiado, mediante una inversión que fortalezca a las municipalidades) serían suficiente para que estas acciones culminen con éxito y, lo más importante, sean sostenibles en el tiempo.

Las viviendas auto producidas muchas veces tienen más espacio y confort que la vivienda mínima concebida desde la gran ciudad por constructores y no por arquitectos. Las familias ahorran en la asistencia técnica y la inversión en buenas estructuras, asunto que ha mostrado ser crítico para asegurar su resistencia. La experiencia peruana de universidades y ONGs en construcción con materiales locales y de a pocos es suficiente para dar lecciones en el extranjero y debe ser aprovechada. Con una mínima inversión adicional esas viviendas también resisten sismos. Lo sucedido cuando el último "Niño" en Ica muestra que los terrenos para la nueva vivienda con auspicio estatal serán de tamaño minúsculo y no permitirán espacio necesario para las actividades normales de una familia de la zona ni, por cierto, el crecimiento para cuando los hijos tengan familia. Como es fácil suponer, la vivienda auto construida demanda comprensión y servicios específicos por parte de las autoridades. Estos servicios son diferentes a los que demandan otros productores de vivienda. El Estado no puede ser socio de unos e ignorar a los otros.

Ya empezó la reconstrucción de viviendas. Unos hacen lo que pueden y otros se frotan las manos. No reconstruyamos la miseria moral y económica.

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